Muere el que fuera alcalde de Santiago-Pontones, artífice de llevar los equipamientos básicos a todas las aldeas por pequeñas que fueran

Fotografía: Luis Parra, en el centro, junto al entonces presidente de la Junta de Andalucía, José Rodríguez de la Borbolla, durante la visita de este a Santiago-Pontones en 1988.

Cuando Luis Parra accedió a la alcaldía de Santiago-Pontones, en el año 1983, muchos de sus más de 80 pequeños núcleos de población no contaban aún con equipamientos básicos como agua y luz eléctrica. Para acceder a aldeas como Las Gorgollitas, La Muela, la Peguera del Madroño o Poyotello había que hacerlo por alguno de los caminos o senderos casi intransitables por donde también lo hacían las miles de cabezas de ganado ovino y caprino que convertían a este municipio en el buque insignia de la ganadería extensiva y del cordero segureño. Y para llegar hasta la capital administrativa de la provincia había que coger el precario autobús de línea a las 4 de la madrugada que te llevaba hasta Jaén pasadas las 10 de la mañana atravesando carreteras tercermundistas.

Las guitarras, el acordeón o las voces a capela de los chicos del Peñón, llegados desde El Parralejo, animaban las fiestas locales, las matanzas o los eventos familiares de cualquiera de las cortijadas desparramadas por el que es el término municipal más extenso de las sierras de Segura, Cazorla y Las Villas.

Por aquel entonces, en un país que aún digería la Transición democrática, Santiago-Pontones era el principal paradigma de la España olvidada y marginada, pero nada que ver con la España vaciada. A principios de los años 80 el municipio santiagueño, que hunde sus raíces en el poblado creado por unos pastores castellanos que dieron en llamar El Hornillo, tenía cerca de 6.000 habitantes, más del doble de su población actual. Y la mayor parte de sus vecinos procedían de sus más de 80 aldeas y pedanías, desde El Cerezo a Miller, pasando por La Matea, Vites, Montalvo o Las Casicas del río Segura..

En 1983 hacía ocho años desde el nacimiento oficial del municipio de Santiago-Pontones, creado en 1975 a partir de la fusión de las localidades de Santiago de la Espada y de Pontones. Por eso la llegada de un joven procedente de la aldea de Marchena hasta la alcaldía ubicada en Santiago de la Espada se recibió con cierto desdén y no pocos recelos entre los habitantes de los dos principales núcleos de población. Todos ellos temían que la llegada de un aldeano al sillón municipal pudiera mermar las inversiones en Santiago de la Espada y en Pontones a favor de los núcleos minúsculos diseminados.

Pero nada más lejos de la realidad. Luis Parra se ganó pronto la confianza de sus paisanos por su capacidad de trabajo y, sobre todo, por su afán de inculcar el principio de igualdad y de no dejar a nadie descolgado del tren del desarrollo, por pequeña que fuera la aldea. Desde el primer momento tuvo claro que ningún vecino podía tener más privilegios que otros en función de su lugar de residencia. Todos debían tener los mismos derechos y oportunidades porque, al fin y al cabo, todos  tributaban por igual.

Y así, no sin múltiples dificultades pero haciendo una labor encomiable de hormiguita, y descolgando a diario los teléfonos para reclamar justicia social a todas las instituciones públicas (que ni siquiera eran capaces de poner a Santiago-Pontones en el mapa), Luis Parra empezó a ver cumplido su sueño de mantener la vida en el casi centenar de pequeños núcleos. Sus paisanos le renovaron la confianza hasta en cinco mandatos seguidos, y nada tenía que ver el municipio segureño de los primeros años del siglo XXI con el que se encontró Luis Parra en un país recién salido de la dictadura franquista.

Santiago-Pontones ha ido perdiendo habitantes con el paso de los años, fruto del éxodo poblacional y también de la caída generalizada de la natalidad. Pero lo que no han perdido sus moradores ha sido la dignidad de vivir en el medio rural, en su territorio en igualdad de condiciones que cualquier urbanita. Seguramente, no se han corregido aún los múltiples desequilibrios territoriales que separan al medio rural del urbano, pero a Luis Parra siempre habrá que agradecerle que honrara la vida en un pueblo que, lejos de la idea más extendida, no está lejos de Jaén ni de Sevilla ni de Madrid. Está donde tiene que estar. Descanse en paz Luis Parra, el alcalde que dignificó el mundo rural.