Martín Lorenzo Paredes Aparicio debuta en ALMA DE PUEBLOS con este poemario tan jaenero como intimista

Fotografía de portada: Pintura de Francisco Carrillo Rodríguez

Amarilla

La luz, casi amarilla,

como la de una tarde

de septiembre.

Aunque es agosto.

El tiempo, con esta luz,

parece que corre menos.

Es cuando aparece el olvido.

Y nada se recuerda.

Quizá, tu infancia, ya muy lejana,

Entra a la casería, y vuelve

a la alacena el olor de siempre,

con su fruta fresca.

La misma que tu abuelo

te daba, por su navaja herida.

Afuera, el frío es casi de manta.

Y quieres que llegue pronto

el tiempo de encender la lumbre.

Miras, y las nubes siguen sin moverse.

Embelesadas por la luz

de la atardecida.

Y, entonces, otra vez sabes

que pronto empezarán

las golondrinas a buscar su tiempo

en otro verano.

Reflexiones

Soñamos con ser parte de algo,

quizá de una ciudad

o de un pueblo.

Soñamos que vivimos

en la patria perfecta.

Soñamos que somos

parte de una tribu.

Soñamos que el mar

es nuestro, con sus costas.

Pero nunca soñamos

que la pertenencia

es algo abstracto

y, a veces, crea conflictos.

Por eso es mejor

no soñar y estar siempre despierto.

Saber apreciar que las noches

y los días son universales.

Que nada se puede predecir.

Sólo estar atentos al recorrido

que forman Alfa y Omega.

Improvisando

Aquí, en el campo.

Te acuerdas de la música de Siloé,

de las letras de Supersubmarina,

mientras suena, en el Spotify, Shinova.

Te acuerdas de Baeza, de su festival.

Recuerdas los versos del poeta José Gómez.

Y, entonces, a pesar de todas

las adversidades,

sabes que eres feliz.

Sabes que tus hijas crecen y se bañan

en la piscina que su abuelo pensó

que nunca podía tener.

Todo lo demás, la vida, consiste en aceptar

que el lenguaje es la única flor

que nos salva.

Suena Vetusta Morla, y en la Peñas de Castro

el viejo fantasma de El Portichuelo aparece

en la vaguada.

Agosto

Agosto cubre

de monotonía la sierra.

La oliva mira su fruto.

Y en la cima,

el águila duerme.

Agosto anuncia

que el verano acaba.

En la lonja

de cualquier casería,

el poeta desespera.

El otoño pronto llegará.

Y agosto

 será otro recuerdo.

NesumDorma

Mi padre escuchaba

ópera al caer la tarde.

Era como una forma de ser rebelde

ante la llegada de la noche.

Hoy, aquí en el campo,

esperando a que salga la luna,

hemos vuelto a hacerlo.

Pero aquella rebeldía

se ha convertido en una claudicación

ante la belleza de un ocaso

que busca su lugar en un mundo

por el que, aún,

merece la pena luchar.

Martín Lorenzo Paredes Aparicio