Un viaje por el alma común de España, Francia y Portugal en el marco del proyecto HITTS de patrimonio, innovación, territorio y turismo
Entre montañas que respiran, llanuras que recuerdan y ríos que nunca dejan de hablar, el territorio SUDOE busca tejer una historia compartida. Un relato capaz de reforzar la identidad de sus habitantes y de mostrar al mundo la riqueza cultural, natural y humana que une a estos paisajes diversos. En el marco del proyecto HITTS (Patrimonio, innovación, territorio, turismo y sostenibilidad por sus siglas en ingles) -que lidera la Fundación Huerta de san Antonio de Úbeda- distintos territorios se escuchan, se observan y se reconocen en un espejo común: una narrativa que nace de la tierra, del agua y de la memoria colectiva.
Un hilo narrativo para un territorio plural
Pensar el turismo sostenible sin una historia que le dé sentido es como levantar una casa sin cimientos. Por eso, los socios del proyecto HITTS se han propuesto una tarea tan ambiciosa como necesaria: construir una narrativa común para todo el espacio SUDOE. No se trata de homogeneizar, sino de iluminar aquello que diferencia a cada territorio y, al mismo tiempo, lo enlaza con los demás.
Equipos multidisciplinares recorren valles, aldeas y mesetas; entrevistan a quienes aún conocen los nombres antiguos del paisaje, observan las huellas del pasado y escuchan la voz del presente. A partir de testimonios, exploraciones y saberes locales, van componiendo narraciones capaces de revelar el alma profunda del territorio. Estas historias alimentan la creación de un imaginario compartido: una imagen turística coherente, sensible y singular que distingue al SUDOE dentro del mapa europeo.
Y, sin embargo, esta historia común no surge de un laboratorio ni de un despacho: emerge del propio territorio.
El agua, primera narradora
En Añana, el agua dibuja geometrías en las salinas. En San Lorenzo mece huertos y memorias. En Campo de Montiel brota desde la sombra para encender lagunas. En el Tarn corre entre casas como un hilo que mantiene unida la vida. En Montalegre baja de las cumbres y funda la espiritualidad de un pueblo. En el Médio Tejo da sabor a las viñas y condensa siglos de tradición vinícola. En les Grands Causses se vuelve tesoro subterráneo, disciplina geológica y desafío humano.
En todo el SUDOE el agua no solo riega: habla. Es frontera y puente, cicatriz y esperanza. Su murmullo es la primera frase de la historia común.
Paisajes que leen y escriben al mismo tiempo
Campos, barrancos, viñas y montañas funcionan aquí como enormes libros abiertos. Sus páginas muestran el ingenio de generaciones enteras: terrazas, molinos, bancales, muros, senderos. También revelan la lenta reconquista de lo salvaje, ese regreso silencioso de los bosques que tapan las cicatrices del tiempo.
Son territorios heridos y fértiles, que sintetizan la verdad del mundo rural de hoy: un espacio que no es ni reliquia ni decorado, sino escenario vivo donde la tradición y la reinvención conviven.
En cada piedra late una historia. En San Lorenzo, leyendas suspendidas en la arquitectura de un barrio detenido en el tiempo. En el Tarn, balcones de almendros y puertas que guardan la memoria de un pueblo fortificado. En Montalegre, el Puente del Diablo, los monasterios escondidos, la fe de montaña. En les Causses, cruces, cuevas y paredes que recuerdan a quienes hicieron de la naturaleza una escuela.
Un santuario vivo de memorias y oficios
En Añana resuenan las torres medievales y las capillas románicas. En el Médio Tejo, las bodegas y los lagares son pruebas palpables de un saber ancestral. En las profundidades de Aven Armand, la piedra respira con un aliento centenario, testigo de una aventura humana irrepetible: la de una comunidad que hizo visible lo invisible.
No son espacios turísticos: son templos habitados. Y quienes los viven son, sin nombrarse, sus guardianes.
Porque en el SUDOE la memoria no se archiva: se practica. En cafés, ferias, fiestas patronales y festivales infantiles. En los rituales mágicos de Montalegre cada viernes 13. En los mercados evocados por la llanura manchega. En el festival de los Cornards. En las músicas antiguas de Añana. En las palabras de Muñoz Molina que en San Lorenzo transforman el recuerdo en literatura. La memoria aquí no es pasado: es una forma de futuro.
La gastronomía como identidad y refugio
La tierra se expresa también a través del sabor. En Montalegre, las carnes ahumadas, el pan de centeno y los guisos al fuego lento narran inviernos enteros, resistencia y cooperación. En les Causses, los picnics en acantilados y los vivacs de juventud forman parte de la memoria gustativa de generaciones. En el Médio Tejo, cada terreno —caliza, esquisto, aluvión— se convierte en matiz del vino; cada vendimia, en un ritual que mezcla historia y porvenir. El alimento es aquí un lenguaje. Y cada plato, un capítulo más del relato compartido.
El arte de lo colectivo
Quizá el mayor tesoro del SUDOE no sea su paisaje, sino la forma en que las personas lo habitan. La capacidad de acoger sin perderse, de transmitir sin imponer, de conservar sin fosilizar. La vida comunitaria se sostiene como un hilo fino —pero firme— que une a quienes nacieron aquí con quienes llegan buscando un lugar en el mundo.
En les Causses ese hilo se convierte en un tejido asociativo vibrante; en Montalegre, en un modo de entender el tiempo y la montaña; en el Médio Tejo, en una identidad líquida que se reinventa vendimia tras vendimia.
Pero también hay desafíos: el uso del territorio, las tensiones entre conservación y explotación, la mercantilización de las prácticas tradicionales. Aquí, la naturaleza es cuestión poética… y política.
La luz que atraviesa fronteras
Entre montañas vascas, mesetas castellanas, valles portugueses y abismos franceses circula una misma luz. Una luz que ilumina las piedras, hace brillar las aguas, despierta los bosques y hace cantar a las viñas. Una luz que revela que, más allá de las fronteras, existe un territorio unido por algo más profundo que la geografía: una sensibilidad compartida.
Esa luz —que es memoria, trabajo, orgullo y futuro— es la que el proyecto HITTS quiere convertir en relato. No para inventarlo, sino para escucharlo. Para que el SUDOE, con todas sus voces, pueda contar al mundo la historia que ya escribe cada día: la de un territorio que sabe quién es, que sabe de dónde viene y que, sobre todo, sabe hacia dónde quiere caminar.
