El periodista Ginés Donaire, fundador de ALMA DE PUEBLOS, realiza el pregón de las fiestas patronales de Iznatoraf
(Extracto del pregón de las Fiestas Patronales 2026 a cargo del periodista Ginés Donaire)
“Yo, el rey don Fernando, doy y otorgo a todos los que moraren la villa y a los que desde aquí vendrán a morar, doyles la villa de Iznatoraf con todo su término, con montes, fuentes, pastos y ríos y con venas de plata y veneras de hierro de cualquier metal”.
Así empieza el primer otorgamiento del Fuero de Iznatoraf que el glorioso rey don Fernando III El Santo tuvo a bien conceder a esta villa allá por el año 1246.
A través de 885 capítulos, el manuscrito, cuyo original se conserva en el Archivo Histórico Provincial de Jaén, regula el ordenamiento jurídico de su ámbito territorial que Fernando III otorgó tras la conquista de esta villa y su alfoz (territorio) a los musulmanes.
Según el Diccionario Geográfico e Histórico de Pascual Madoz, de mediados del siglo XIX, Iznatoraf “se halla situada sobre una elevada cima de tierra de más de 3.400 varas de altura, desde donde se disfruta de una vista alegre y pintoresca, pues se distinguen perfectamente una infinidad de poblaciones que a mayor y menor distancia se presentan, alcanzándose a ver hasta la capital, que está separada 12 leguas”.
Pues bien, esa privilegiada situación orográfica y estratégica fue el factor determinante para que Fernando III le concediera a Iznatoraf tan alto honor, un Fuero que marcó su devenir y su impronta a lo largo de la historia.
Han pasado ya casi ocho siglos desde que Iznatoraf viviera la que fue, sin duda, su época de mayor apogeo histórico, aunque no es menos cierto que su etapa más gloriosa está vinculada a la ocupación árabe, cuando se erigió como una importante plaza defensiva, con sus murallas y su alcázar.
Pero antes de todo eso existe constancia documental de que nuestro pueblo ya estaba poblado desde la Prehistoria. Incluso en los años 80 del pasado siglo se excavaron varios enterramientos de la Edad del Bronce en su casco urbano.
Nuestra villa, cuyo nombre responde al término etimológico de “montón de tierra” aunque su topónimo más acertado sería el de “castillo del polvo”, también aparece vinculado a la fundación de Roma.
Cuenta la leyenda que, allá por el año 541, Aníbal -general de Cartago y esposo de Himilce- reunió en Iznatoraf a todas las tropas que los cartagineses tenían en España para dividirlas con su hermano Asdrúbal y emprender la que luego resultaría conquista fallida de Roma.
Resulta evidente, por tanto, el peso tan grande que nuestro pueblo ha tenido con las distintas civilizaciones, y por él han desfilado personajes de primer orden en la historia de nuestro país. Personajes como Cervantes, que pasó por Iznatoraf en 1592 como recaudador de impuestos, o la visita a esta villa de San Juan de la Cruz.
Y quisiera citar a otros nombres que han engrandecido y prestigiado el nombre de Iznatoraf. Como el obispo Antonio Tavira Almazán, hombre clave de la Ilustración española.
Y, cómo no, otra figura sobresaliente en el campo de las ciencias fue el padre Juan Leal Morales, nacido en Iznatoraf en 1902 y fallecido en Granada en 1977. Con apenas 17 años ingresó en la Compañía de Jesús, con una trayectoria que le llevó a ser nombrado asesor del Episcopado español en el Concilio Vaticano II. Fue autor de varias publicaciones, pero su obra culmen fue, sin duda, “La Sagrada Escritura”.

