El alojamiento turístico de Castillo de Locubín acoge el Día del Orgullo Rural con un manifiesto reivindicativo de los derechos perdidos en el mundo rural
El Jardín de Castillo reivindica “la recuperación de los derechos perdidos en el mundo rural y hablar desde el mismo nivel con el mundo urbano”. Un manifiesto colaborativo realizado entre vecinos y vecinas puso el broche de oro a los actos organizados por el alojamiento turístico en Castillo de Locubín por el Día del Orgullo Rural.
Recuperar derechos, hablar desde la misma altura con el medio urbano o más apoyo institucional de las administraciones fueron algunas de las reivindicaciones que se recogieron ayer en el manifiesto colaborativo que se hizo en el coworking Zacatín, en Castillo de Locubín, lugar donde se celebró el plantel de actividades que El Jardín de Castillo había organizado con motivo del Día Mundial del Orgullo Rural el 16 de noviembre.
Con la bandera del orgullo rural en las manos, Luis López, responsable de El Jardín de Castillo, recordó que esa bandera, bordada por la castillera Mercedes Conde, “significa libertad.” “El orgullo no se compra en Amazon, sino que se hace con cariño y dedicación”, dijo refiriéndose al trabajo de Mercedes.
“Muchas veces nos preguntan qué significa la bandera y qué significa cada color, pero más allá del que tenga, lo queremos que es cada uno le dé el significado que quiera”.
Así, “yo quiero que signifique la libertad del mundo rural. El mundo rural es un entorno subalterno que sigue a merced de las decisiones de las ciudades. Y eventos como éste permiten sacar a la luz qué significa para nosotros esta bandera y permiten que el mundo rural empiece a ser escuchado. Si no hablamos, no se no escucha y, hoy, lo hemos hecho con cuatro jóvenes que con sus microvídeos han hablado de discapacidad, de los pequeños momentos del día a día, de las tradiciones, han hecho ficción”. “Tenemos que hablar para conseguir, no estar por encima del mundo urbano, pero sí para recuperar los derechos perdidos y para estar la altura y poder dialogar desde el mismo con el mundo urbano”.
López dio la palabra a un público asistente que se lanzó a explicar también qué significa para ellos y ellas el mundo rural y el orgullo de ser rural. “Siento orgullo demis raíces y el es una forma de vida totalmente distinta a la de la ciudad”, aseguró uno de los participantes. “En el mundo tan acelerado en el que vivimos, necesitamos más naturaleza que nunca. Yo estoy muy orgulloso de dedicarme a la agricultura, a mis olivos y voy a luchar para mostrar a todas las personas las grandezas de lo rural”, dijo un vecino de Frailes.
Otra vecina de Frailes, la más joven de la sala también lo dejó claro. “Para mí, lo rural es todo porque el campo me lo ha dado todo. Allí tengo a mi familia, mis amistades y el campo me ha hecho crecer como persona y me siento muy orgullosa”.
La cercanía con la gente fue otro de los atributos que más destacaron de la vida rural y de ser de pueblo. “Me gusta muchísimo las tradiciones, la naturaleza y poder salir a la calle y pararte con la gente, poder decir adiós. Eso es muy importante para mí”, compartió otra castillera. “Tú vas a una capital y resulta que te metes en la Feria de Sevilla, por ejemplo, y sí, muy grande y todo lo que tú quieras, pero no conoces a nadie. Y aquí nos conocemos todo el mundo”, dijo Luis, otro vecino de Castillo de Locubín.
“Acogimiento, participación y conexiones”. Así definió Elena, vecina de Priego de Córdoba cómo ella se siente en un pueblo que no es suyo, pero donde ha sido acogida. “Desde que me vine a Priego he creado unas conexiones maravillosas, me siento parte de allí y estoy muy contenta de ese acogimiento que tienen los pueblos, de poder ir por la calle y saludar a todo el mundo porque todo el mundo te conoce.
Estoy muy orgullosa de vivir donde vivo, de crear oportunidades, de salir a la calle y crear conexiones con personas con y sin discapacidad”.
También “adoptado” en Castillo de Locubín, Daniel Contreras, miembro del jurado del Raíces Film Fest, destacó que para él lo rural significa “familia”. “No soy de aquí, pero me siento el más castillero del mundo. Estudio en Granada y para mí lo rural significa poder ver a mi abuela y a mis padres. Siempre se habla de lo malo de lo rural pero cuánto de bueno tiene. ¿Dónde podríamos mirarnos a los ojos y saber cómo es esa persona que tenemos enfrente? Para mí, el mundo rural es lo más grande y aunque esté fuera, siempre me voy a acordar de Castillo de Locubín”.
En esta línea, Luisje Moyano, director de cine y portavoz del jurado quiso compartir su propia experiencia personal. “Yo nací en Barcelona, así que rural, cero. Estudié teatro en Málaga; rural, cero. Estudié cine en San Sebastián; rural, cero. Pero allí donde haya ido he llevado siempre al Cristo de los Chircales porque mi madre es de Valdepeñas de Jaén y donde voy, siempre me siento orgulloso de mis raíces. Mi padre es de un pueblo de la Alpujarra de Granada que os sonará a chino, Laroles. No es de los pueblos conocidos de la Alpujarra, pero llevo con orgullo el pueblo de mi padre y el pueblo de mi madre. Así que no olvidemos de dónde venimos, no olvidemos lo que nos une a la tierra y luchemos por ello”.
Precisamente, Lola Ruiz, profesora jubilada, dinamizadora cultural de Castillo y también miembro del jurado habló de transformar ese orgullo en reivindicación.
“Necesitamos ser reivindicativos y desde el mismo pueblo, no desde fuera. Tenemos que tener una actitud más luchadora, más reivindicativa porque necesitamos el apoyo institucional de las administraciones para muchas cosas. Tenemos que sentirnos orgullosos de luchar para conseguir cosas buenas para nuestros pueblos”.
Finalmente, López dio las gracias a todos los participantes y animó a seguir trabajando para que se escuche al mundo rural. “Gracias por ser piezas de este relato y estas nuevas narrativas que estamos construyendo y que estamos seguros de que, en breve, van a escuchar”.
