Manuel Molina González retrata los valores paisajísticos y medioambientales de la finca de Luque (Córdoba), exponente de la agroganadería regenerativa
Dice Francesc Font Rovira, uno de los destacados estudiosos de la agricultura regenerativa, que en el modelo, conocido como tal, el problema se convierte en la solución, y pasamos de explotar los recursos a potenciar procesos naturales que regeneran lo que hemos perdido y deteriorado durante las últimas décadas. La agricultura regenerativa no es solo una forma de cultivar, apunta, sino una manera de pensar y actuar con responsabilidad hacia el planeta y las generaciones futuras.
Final de febrero, una mañana gélida que ha alcanzado menos un grado y ha dejado al amanecer un manto de hielo que se expande por el suelo. Bien abrigado me espera Francisco Ruiz, un agricultor que será mi guía en la finca propiedad de su familia, que él gestiona con otros hermanos. Unas 230 hectáreas situadas en el sureste de la provincia de Córdoba. La zona es montañosa, de hecho se encuentra en el Parque Natural de las Sierras Subbéticas, donde las lomas y picos se entremezclan con un paisaje donde domina el olivar junto a restos de bosque mediterráneo. La tierra se halla en el término municipal de Luque, lindando con Carcabuey. La explotación se encuentra encajonada y extendida entre varias elevaciones calcáreas considerables y lindando con terrenos pétreos y boscosos. El nombre da fe de la ubicación: “Finca El Valle del Conde”.
Nada más llegar lo primero que llama la atención de cualquiera que transite el camino rural que la atraviesa y divide en dos lados, es la cubierta vegetal que se extiende por toda la extensión, de un verde intenso inusual en el campo donde se cultiva el olivar, que acostumbra a mostrar terrenos secos y apelmazados más propios de un desierto que de un bosque. Justo para Francisco en una zona donde se produce el límite entre su finca y otra que le sigue. La diferencia resulta muy llamativa, aparte del variado verdor de una, la otra se encuentra unos cinco centímetros por debajo a modo de escalón. “aquí tienes el primer ejemplo de una agricultura regenerativa, observa la cantidad de tierra que ha ganado respecto a la tradicional con la vegetación”. Muy didáctico. Entramos en la finca.
Otro elemento que llama la atención sobre el tapizado de vegetación lo supone el canto de los pájaros. Se pueden identificar variadas especies cantarinas por el reciente amanecer, alegrando el paseo (jilgueros, verderones, abubillas, currucas, mosquiteros, chochines a las que se une algún ave nocturna como el mochuelo). Algunos buitres que anidan en cortados cercanos nos observan. Las aves ayudan también con la dispersión de semillas y polen que transporta el animal de unas parcelas a otras, así como el aporte de materia orgánica a los suelos y en dos de las principales plagas que sufre el olivar como la Mosca del olivo (BactroceraOleae) y el Prays (PraysOleae). Ha sido tal el hábitat protegido de estas pequeñas aves insectívoras que a lo largo del año se realizan rutas ornitológicas por la finca.
El entusiasmo y apasionamiento de Francisco brota desde el primer instante y comienza durante el paseo a mostrarme las distintas plantas que brotan en el suelo, la importancia y significado que cada una de ellas tiene. Me sorprende el conocimiento botánico de este agricultor. Así me detalla cómo retienen agua, cómo aportan nitrógeno o gestionan el carbono, las que enraizan con bulbo a equis centímetros y así desapelmazan el suelo, las que brotan cuando el suelo lleva unos años de riqueza natural y un largo etcétera. Podría estar una jornada completa explicándome las razones por las cuales vemos unas plantas y otras no. En todo el recorrido tan solo vimos dos jaramagos, una de las que menos querencia tiene en el cultivo del olivar. “Eso es señal de vida”, me apunta Francisco “de que el suelo está sano y sin herbicidas, se ha regulado solo respetándolo. Las plantas autóctonas juegan un papel clave en la agricultura regenerativa, ya que ayudan a mejorar la salud del suelo mediante la fijación de nutrientes y la retención de agua. A través de la fotosíntesis, capturan carbono y contribuyen a reducir los efectos del cambio climático. Además, sus raíces fomentan la biodiversidad del microbioma del suelo, promoviendo ecosistemas agrícolas más resilientes.
La cobertura vegetal protege contra la erosión y mejora la estructura del suelo, reduciendo la necesidad de insumos sintéticos. “El suelo es la clave de toda esta práctica”, resume. Y apunta algo más “El suelo es el gran desconocido, conocemos apenas un 20% de cómo es”. Lo desconocía. Incluso me explica la razón científica de por qué es bueno un escarabajo afanoso que mueve una especie de bola de estiércol. “la lleva al nido, que ha excavado a unos veinte centímetros para que por el proceso de oxidación se transforme en azúcares y nutrientes para su cría, pero a la vez fertiliza el suelo”. Sigo fascinado con el mundo animal y su generoso aporte a la agricultura. Francisco sonríe y socarrón me apunta que “esta finca tiene muchos trabajadores que no están en nómina”. Pasamos cerca de unas colmenas que también están colocados para, aparte de producir una miel ecológica exquisita, participar en la polinización.
En esta práctica se parte de la regeneración de la biodiversidad a través dela recuperación del suelo, de las relaciones entre seres vivos y el conocimiento científico. Algunos de sus principales ejecuciones contemplan el trabajo reducido del suelo, generalmente agotado por las prácticas tradicionales, la cobertura vegetal como abono verde, la reducción de residuos, el pastoreo regenerativo con rebaños y la comunicación entre agricultores que practican esta tipología. Sigo conociendo más “trabajadores”. En este caso un rebaño de ovejas que acotado por un pastor eléctrico va alimentándose de la hierba sin productos químicos, la recorta, y deja tras su paso un proceso de abonado. Tras varios días en una zona se mueven hacia otra con el mismo objetivo. La oveja a diferencia de otros animales como las cabras no suele alimentarse de las ramas del árbol, como se aprecia en la línea de ramoneo que va quedando en estos tras su paso. Hasta cinco rebaños participan en esta simbiosis, que alimenta al ganado y produce una labor de recorte y abonado a cambio. “Se repite en la misma zona el proceso varias veces a lo largo del año, de tal modo que quede una especie de manto recortado todo el año”. No solo realizan las tareas mencionadas, incluso la lana de las ovejas con un tratamiento de procesos naturales se convierte en abono orgánico. No paro de sorprenderme.
Los conceptos sustentantes de la agricultura regenerativa
El concepto que va más allá de una simple técnica de cultivo. Se trata de una práctica agrícola, pero también de una filosofía, una herramienta para la producción sostenible y un compromiso con el futuro. Veamos qué significa. En primer lugar, la agricultura regenerativa es una práctica agrícola que busca mejorar la manera en que cultivamos la tierra. A diferencia de la agricultura tradicional, que muchas veces agota los suelos, esta técnica se centra en regenerar y fortalecer la salud del suelo, permitiendo que siga siendo fértil a lo largo del tiempo. También contiene ideas filosóficas, porque está basada en una forma de pensar que valora el respeto por la naturaleza. Además, es una herramienta para la producción sostenible, al considerar que no se puede seguir cultivando con los métodos del pasado que descuidan la salud del suelo. Esta práctica propone una manera de producir alimentos sin dañar el ecosistema, asegurando que la tierra pueda seguir siendo cultivada en el futuro. Y un apunte más, la agricultura regenerativa es un compromiso porque los agricultores que adoptan este modelo no solo buscan mejorar sus cosechas, sino que también asumen una responsabilidad de futuro con las nuevas generaciones. Al aplicar estas técnicas, garantizan que los suelos sigan siendo fértiles y productivos para quienes vendrán después.
En esta práctica se parte de la regeneración de la biodiversidad a través dela recuperación del suelo, de las relaciones entre seres vivos y el conocimiento científico. Algunos de sus principales ejecuciones contemplan el trabajo reducido del suelo, generalmente agotado por las prácticas tradicionales, la cobertura vegetal como abono verde, la reducción de residuos, el pastoreo regenerativo con rebaños y la comunicación entre agricultores que practican esta tipología.
En el proceso de este tipo de agricultura se intenta que casi todo lo que genera la finca se quede en ella y un ejemplo claro lo supone el abono y mantenimiento de la tierra. Las labores de poda producen el típico picado de ramas que se encargan una vez expandidas de aportar nutrientes naturales, pero va más allá. Tras la tala la madera de los olivos se lleva para ser carbonizada y se transforma en pequeñas piezas que se reparten por el suelo, llegadas sin apenas valor nutriente, se recargan con la orina y excrementos de las ovejas. A esto se unen los restos orgánicos y de tierra que se criba a en las almazaras cuando se realiza la entrega de la recolección. Estas masas se amontonan y reparten por la finca para producir también una recarga de abono natural. El resultado es un suelo verde y rico, homogéneo y variado, con variedad de plantas y sin surcos o cárcavas, que demuestran la capacidad del terreno para soportar la sequía y las lluvias torrenciales.
El valor añadido
El suelo es la joya de la finca y ha recibido después años de apuesta por lo regenerativo la constante visita de científicos y proyectos universitarios interesados en esta apuesta. Por ejemplo un estudio realizado por una universidad suiza demostró que el suelo de la finca permanecía en los meses de más calor hasta cinco grados por debajo de la medida en las fincas colindantes. De hecho y pese a disponer de una charca de agua propia todo el año, no existe la necesidad de riego. Profesorado y alumnado de universidades de Chile o Portugal llegará este mes para estudiar in situ este tipo de agricultura. Francisco recibe entusiasta a todo el que quiere aprender de su experiencia y la lleva a distintos lugares siempre que lo solicitan.
Todo esto sería ideal o utópico si no tuviera o bien obviara el principio básico de una explotación agraria: el rendimiento. En primer lugar, la apuesta ha significado la multiplicación del valor de su producto, el aceite, siendo premiado en distintos certámenes y ferias como el premio al olivar más sostenible de España que otorga la Asociación Española de Municipios del Olivo (AEMO) en 2024, Nº10 del mundo en el concurso de Mejor AOVE Saludable del mundo por su contenido en Oleocanthal, Premio reconocimiento especial CIWF 2024 en la categoría de Alimentación y Agricultura Sostenibles.Y en segundo lugar, por una cuestión que Francisco esgrime como el principal argumento económico y empresarial: “en el principio de campaña, la temprana, llegamos a tener un rendimiento del 23% en la producción, lo que demuestra que nuestro olivar no necesita lo que habitualmente se le aporta para producir más como abono químico, cura química o riego, y además se mantiene más o menos estable la producción cada año, sin la vecería cambiante de cada cosecha”. Aunque este agricultor insiste en que el mayor valor de su finca es el respeto al medio ambiente, que también llegará como legado respetuoso con la tierra a otra generación.
Más información

