El escritor y periodista Ezequiel Martínez reflexiona sobre el legado que deja el papa Francisco, en especial su lucha por el cambio climático
(Foto de portada: Foto ganadora de Foto Rural 2022, de Vicente Guill).
EZEQUIEL MARTÍNEZ:
El papa Francisco D.E.P., nos ha dejado un legado de sencillez, de humildad, de cristianismo de base con el pensamiento y la acción al servicio de los más desfavorecidos, de los pobres, de los migrantes que se desplazan huyendo de las guerras, de la violencia, del hambre, de la pobreza, de las sequías y de los efectos devastadores del Cambio Climático, tratando de buscar un mundo mejor donde desarrollarse como personas.
En la Capilla Sixtina, bajo la maravillosa bóveda en fresco del Juicio Final, pìntada por Miguel Ángel entre 1508 y 1512, se reúnen en cónclave los 135 cardenales menores de 80 años. De ellos,108 fueron nombrados por Francisco. Este dato puede ser decisivo para la elección del papa sucesor y para que el elegido continúe con la obra de Francisco y con el proyecto de una iglesia más progresista, abierta e inclusiva. En la primavera de 2015 se publicó la encíclica «Laudato si» (Alabado seas), destinada según Francisco, a todas las personas del mundo, incluso las no católicas, y que hace alusión al poema «El Cántico de las criaturas» escrito en el siglo XIII por Francisco de Asís. Frente a los negacionistas y terraplanistas, el papa Francisco tuvo la valentía y la honestidad de abordar uno de los problemas más graves al que se enfrenta la Humanidad, el Cambio Climático. Bergoglio alabó la obra de Francisco de Asís: «Creo que Francisco es el ejemplo por excelencia del cuidado de lo que es débil y de una ecología integral, vivida con alegría y autenticidad. Francisco es el santo patrono de todos los que estudian y trabajan en torno a la ecología, y amado también por muchos que no son cristianos». La encíclica la firmó Francisco el 24 de mayo de 2015 y se presentó el 18 de junio de ese año, y «pretende reconocer que un verdadero planteo ecológico se convierte siempre en un planteo social, que debe integrar la justicia en las discusiones sobre el ambiente, para escuchar tanto el clamor de la tierra como el clamor de los pobres».
Trataré de resumir la encíclica de Francisco: «El desafío urgente de proteger nuestra casa común incluye la preocupación de unir a toda la familia humana en la búsqueda de un desarrollo sostenible e integral, pues sabemos que las cosas pueden cambiar». «Necesitamos una conversación que nos una a todos, porque el desafío ambiental que vivimos, y sus raíces humanas, nos interesan y nos importan a todos».
«El clima es un bien común, de todos y para todos. Hay un consenso científico que indica que nos encontramos ante un calentamiento del sistema climático con constante crecimiento del nivel del mar y eventos meteorológicos extremos. La humanidad está llamada a tomar conciencia de la necesidad de realizar cambios de estilos de vida, de producción y de consumo, para combatir este calentamiento o, al menos, las causas humanas que lo producen o lo acentúan».
«El Cambio climático es un problema global con graves dimensiones ambientales, sociales, económicas, distributivas y políticas, y plantea uno de los principales desafíos actuales para la humanidad. Es trágico el aumento de los migrantes huyendo de la miseria empeorada por la degradación ambiental, que no son reconocidos como refugiados en las convenciones internacionales y llevan el peso de sus vidas abandonadas sin protección normativa alguna».
«Muchos de aquellos que tienen más recursos y poder económico o político, parecen concentrarse sobre todo en enmascarar los problemas o en ocultar los síntomas, tratando sólo de reducir algunos impactos negativos del cambio climático. Por eso se ha vuelto urgente el desarrollo de políticas para que en los próximos años la emisión de CO2 y otros gases contaminantes se reduzca drásticamente, reemplazando los combustibles fósiles por energía renovable».
«El agua es indispensable para la vida humana y para sustentar los ecosistemas terrestres y acuáticos. La pobreza del agua se da especialmente en África, donde grandes sectores de la población no acceden al agua potable o padecen sequías que dificultan la producción de alimentos. Mientras se deteriora la calidad del agua disponible, en algunos lugares se trata de privatizar este recurso, convertido en mercancía regulada por las leyes del mercado. El acceso al agua potable es un derecho humano básico, porque determina la sobrevivencia de las personas y es condición para el ejercicio de los demás derechos humanos. La pérdida de biodiversidad, de selvas y de bosques implica la pérdida de especies que podrían significar en el futuro recursos importantes para la alimentación y para la curación de enfermedades. Cuando sólo se busca un rendimiento económico fácil, a nadie le interesa la preservación de los ecosistemas, y el costo de los daños que se ocasionan por el egoísmo de algunos es mucho más alto que el beneficio económico que se puede obtener. Si el ser humano es también una criatura de este mundo que tiene derecho a vivir y a ser feliz, y tiene una dignidad especialísima hay que considerar los efectos del actual modelo de desarrollo y de degradación ambiental. Muchas ciudades gastan energía y agua en exceso. Es inhumano vivir inundados de cemento, asfalto, vidrio y metales, privados del contacto físico con la naturaleza. El deterioro del ambiente y de la sociedad afectan a los más débiles del Planeta».
He resumido la Encíclica de Francisco que en mi opinión es ejemplar, y muy necesaria para creyentes y no creyentes. Mientas escribía, me pilló el apagón que durante unas horas nos devolvió al pasado, sin luz, sin móviles, sin Internet, peligrando la salud de los pacientes en hospitales, pendientes de la insulina y de los alimentos congelados en la nevera, gente atrapada en ascensores, en metros, en trenes, suspensión de vuelos. Solo la radio con pilas, los transistores, nos salvaron informando de lo que estaba pasando. No puedo entender a quienes desde la oposición, al conocerse el apagón empezaron a culpar al Gobierno y a enfangar hablando de corrupción, en un momento en el que la gente estaba entrando en pánico ¡Hay qué ser miserables! Ya lo dijo el poeta: ¡Españolito que vienes/ al mundo te guarde dios/ una de las dos Españas/ ha de helarte el corazón! Afortunadamente a las 24 horas del apagón, se restableció el suministro energético en el país, aunque no en su total integridad. ¡Qué alivio al regresar la luz y al comprobar que el móvil, tan imprescindible, volvía a revivir! Ahora habrá que esclarecer las causas que motivaron el apagón, que nos sumió en la incertidumbre y originó serios problemas en la movilidad de las personas e incluso originó alguna muerte por falta de asistencia de oxigeno, al no funcionar las bombas si electricidad. Habrá que repensar muy bien para que esto o vuelva a ocurrir y si ocurre, tener un plan B para sofocar el siniestro que paralizó a la Península ibérica durante más de un día. ¡Ha habido gente sin luces, y con muy mala leche que enseguida ha culpabilizado al Gobierno y a Sánchez, con el mantra que ya conocemos desde que el PP no consiguió gobernar por su ineptitud.
También ha habido gente que ha criticado la labor pastoral de Francisco! Me quedo con las declaraciones del Cardenal y Arzobispo de Madrid, José Cobo, andaluz de Sabiote, Jaén: «El Papa que venga tendrá que acoger lo que aportó Francisco que hizo reformas irreversibles». Esperemos que el cónclave resulte iluminado por la luz de la razón, y no de la ideología, y la fumata blanca sea la señal de «Habemus papa» y que el designado responda al reto del amor a la Humanidad más pobre y desfavorecida, que con sencillez y humildad que le honran, desarrolló Francisco en su labor pastoral. ¡Estamos en deuda con nuestros nietos, a quienes debemos dejarles una vida en el Planeta en condiciones! Se lo debemos, no seamos egoístas, no defraudemos a nuestra descendencia!
