Daniel García Florindo y Diego Olano Hevia ganan el III Concurso Internacional de Poesía Rural de la Finca Bonilla de Torres de Albanchez y Fundación Savia

El III Concurso Internacional de Poesía Rural ha dado a conocer el fallo de su jurado, que ha distinguido a Daniel García Florindo, en la categoría de adultos, por su obra Música de invierno, y a Diego Olano Hevia, en la categoría juvenil, por el poemario Donde la tierra aprende a callar.

Asimismo, el jurado ha concedido el Accésit de la categoría de adultos a Manuel Alejandro del Rosario Urbín por Cuaderno del agua y sus faltas y el Accésit juvenil a Maroua Bensfia Khiyat por Donde el viento dice mi nombre.

Organizado por Fundación Savia que preside Francisco Casero y Finca Bonilla, el certamen ha reunido en esta edición 302 obras admitidas a concurso —280 en la modalidad de adultos y 22 en la juvenil— procedentes de 19 países, incluida España. Estas cifras confirman el creciente interés internacional por una convocatoria que sitúa la ruralidad en el centro de la creación poética contemporánea.

El jurado ha destacado la elevada calidad literaria de los trabajos presentados, así como la diversidad de enfoques desde los que los autores han abordado cuestiones esenciales para el medio rural actual: la despoblación, la memoria colectiva, los oficios tradicionales, la biodiversidad, los ciclos naturales, la sostenibilidad y la relación entre las personas y el territorio.

Música de invierno: la búsqueda de una Arcadia posible

El Premio Felipa Marín de la categoría de adultos ha recaído en Música de invierno, de Daniel García Florido, una obra de gran solidez literaria articulada en torno a la experiencia contemporánea del regreso voluntario al campo.

Lejos de cualquier visión idealizada de la vida rural, el poemario explora las contradicciones de quien abandona la ciudad buscando una existencia más auténtica y descubre una realidad compleja, marcada por el trabajo, la incertidumbre y el desgaste cotidiano.

La voz poética, culta, consciente e irónica con sus propias expectativas, convierte esa tensión entre el deseo y la realidad en el eje central del libro. Su lenguaje sobrio y preciso, unido a una estructura cuidadosamente construida, permite desarrollar una reflexión profunda sobre la identidad, el amor, el tiempo y el sentido de pertenencia.

Uno de los fragmentos que mejor resume el espíritu de la obra es:

«Somos apenas dos damnificados
que retornan al fin
bajo el vientre clemente y basto de la aldea.»

El jurado ha valorado especialmente la capacidad del autor para transformar una experiencia personal en una reflexión universal sobre la relación contemporánea con el mundo rural.

El agua como memoria y advertencia

El Accésit de la categoría de adultos ha sido concedido a Cuaderno del agua y sus faltas, de Manuel Alejandro del Rosario Urbín, una obra de notable madurez poética que sitúa el agua en el centro de una profunda reflexión sobre la crisis hídrica, la despoblación y la vulnerabilidad de los territorios rurales.

El poemario construye una poderosa metáfora sobre la pérdida y la transformación de los paisajes humanos y naturales. El agua se convierte en memoria, herencia y símbolo de una realidad amenazada.

La obra destaca por la autenticidad de una voz que no observa el mundo rural desde fuera, sino que lo habita y lo conoce desde la experiencia directa.

Entre sus versos más representativos se encuentra:

«Bajo al pozo como quien baja a un apellido.
El brocal tiene la cal mordida
por los años.»

El jurado ha reconocido la capacidad del autor para convertir una de las grandes preocupaciones contemporáneas en una propuesta literaria de alta calidad estética y profunda resonancia humana.

Diego Olano Hevia, ganador de la categoría juvenil

En la modalidad juvenil, Donde la tierra aprende a callar ha sido distinguido por la madurez de su escritura y la profundidad de su mirada sobre el arraigo, la identidad y la memoria de los pueblos.

El poemario destaca por su capacidad para convertir la experiencia rural en una herramienta de conocimiento y crecimiento personal. Frente a la inmediatez que caracteriza buena parte de la poesía joven actual, la obra apuesta por la observación, la reflexión y el diálogo con la herencia recibida.

A través de una voz serena y contenida, el autor reflexiona sobre aquello que permanece cuando los pueblos se vacían y el tiempo amenaza con borrar nombres, oficios y formas de vida.

Algunos de los versos que mejor representan esta propuesta son:

«Mi abuelo decía
que la tierra no responde
a quien no sabe oír.»

y

«Marcharse no es solo irse.
Es dejar de nombrar.»

El jurado ha valorado especialmente la autenticidad de su mirada y la capacidad de la obra para transformar una experiencia local en una reflexión universal sobre la pertenencia.

Maroua Bensfia Khiyat, Accésit juvenil

El Accésit juvenil ha recaído en Donde el viento dice mi nombre, de Maroua Bensfia Khiyat, una obra esperanzadora que reivindica el vínculo de las nuevas generaciones con la tierra y con el futuro de los pueblos.

El poemario destaca por la delicadeza de sus imágenes y por una sensibilidad capaz de convertir el paisaje rural en un espacio de búsqueda personal e identitaria. El viento funciona como símbolo de la herencia recibida y de la necesidad de encontrar una voz propia sin renunciar a las raíces.

Uno de los fragmentos destacados por el jurado afirma:

«Aquí donde la tierra, aunque cansada, aún cree en mí
y yo empiezo a creer en ella.»

La obra ha sido reconocida por transmitir una mirada luminosa y comprometida con la continuidad de la vida rural.

Un compromiso con la cultura rural contemporánea

Con esta tercera edición, el Concurso Internacional de Poesía Rural reafirma su compromiso con una literatura capaz de dialogar con los desafíos contemporáneos del medio rural sin renunciar a la exigencia estética y a la profundidad humana.

Las obras premiadas demuestran que la ruralidad continúa siendo un espacio fértil para la creación, el pensamiento y la belleza. Desde la reflexión existencial de Música de invierno hasta la conciencia ecológica de Cuaderno del agua y sus faltas, pasando por la madurez poética de Donde la tierra aprende a callar y la mirada esperanzadora de Donde el viento dice mi nombre, esta edición confirma la vigencia de una poesía que encuentra en la tierra un lugar privilegiado para comprender el presente e imaginar el futuro.

Los premios serán entregados el próximo 21 de noviembre de 2026 en Torres de Albanchez (Jaén), en un fin de semana colmado de actos, literatura y convivencia rural. Durante la jornada se presentará además el volumen editado por BichoMalo Libros con las obras galardonadas y se descubrirán nuevas placas en el Bosque de los Poetas de Finca Bonilla.