La plaza Cervantes acoge esta escultura impulsada por la Agrupación de Cofradías y donde han colaborado todas las instituciones de la provincia
El presidente de la Diputación, Paco Reyes, ha participado en la inauguración del conjunto escultórico que la Agrupación de Cofradías y Hermandades de Jaén ha impulsado con objetivo de rendir tributo a la figura del cofrade jiennense. En este acto, en el que también han intervenido el obispo de la Diócesis de Jaén, Sebastián Chico; la primera teniente de alcalde de Jaén, María Espejo, el director general de la Caja Rural de Jaén, Fernando Planelles; y el presidente de la institución cofrade, Francisco Sierra; Reyes ha puesto de relieve esta iniciativa, que sido ejecutada por el imaginero sevillano Antonio Dubé Herdugo y en la que ha colaborado la Administración provincial jiennense.
Durante su intervención, el máximo responsable de la Diputación ha incidido en la tradición cofrade presente en la provincia de Jaén. “La Semana Santa es fervor, devoción, identidad y reencuentro. Por eso dijimos que sí a este proyecto”. En este sentido, Reyes ha puesto el acento en el atractivo turístico de la Semana Santa “que repercute económicamente en el territorio. Es otro gran argumento para venir a Jaén y para generar empleo y riqueza”.
En esta línea, Reyes ha felicitado a la Agrupación de Cofradías y Hermandades de Jaén por la consecución de este monumento y su ubicación en un punto estratégico de la capital, el casco antiguo de Jaén, “que concentra edificios emblemáticos como la Catedral, el Centro Cultural Baños Árabes de Jaén, el Antiguo Hospital de San Juan de Dios o la Iglesia de Santo Domingo, que muy pronto abrirá sus puertas para estar a disposición de la ciudad”.
El conjunto escultórico, que se ha inaugurado a escasos días de la celebración en la capital del Rosario Magno organizado por el Obispado de Jaén con motivo de la celebración del Jubileo de la Esperanza, está realizado en bronce fundido bajo la técnica conocida como ‘cera perdida’. Así, esta talla recoge la imagen de un nazareno–representando el acompañamiento silencioso a sus titulares-; la efigie de un niño vestido con el hábito de monaguillo –como señal de traspaso de fervor cofrade de padres a hijos-; y la escultura de una mujer ataviada con la mantilla –escenificando su acompañamiento en los distintos cortejos procesionales de la Semana Santa y el Tiempo de Gloria de la ciudad de Jaén-.
