Montserrat Rayo Olmo profundiza en un libro sobre el ‘Señorío de Mencía. Repoblación y poder en un territorio de frontera’ del que es coautora

MONTSERRAT RAYO


Enfrascada en el proceso investigador de Mencía de Salcedo, la fundadora de Noalejo, fui trazando el que pudo haber sido su recorrido vital, aquel que la acercase hasta el momento de conocer nuestros Entredichos, unas tierras por poblar o alzar y labrar. Ese momento bien pudo haber sido tal día como el 3 o el mismo 4 de junio de 1526, es decir, hace quinientos años y aproximadamente, treinta días.
Se preguntarán ustedes el porqué de este que pudiera parecer un caprichoso señalamiento. Así pues, con el fin de dar respuesta y contexto a esta aproximación histórica y a falta de un documento que pueda acreditar cualquier otra fecha, poco a poco me fui decantando por el luengo recorrido de una gran celebración que venía rodando desde Sevilla y que finalizaría en la bella Alhambra de Granada. Aquel traslado festivo post nupcial, o extensa e intensa luna de miel, lo haría por las provincias de Córdoba, Jaén y la propia Granada. La boda del siglo, incluso se podría decir que del milenio, vino a ser la tan sonada como deseada, pues era entre el rey Carlos I, de España, también emperador V de la Germanía romana, con su bella prima e infanta Isabel de Portugal, tan nieta de Isabel la Católica como lo era su esposo Carlos. Ella descendía de María y él, de Juana, .
De modo que Mencía venía en tan bella, larga y compleja corte, siendo una de las cortesanas castellano-vasco-portuguesas, cuyos padres habían servido a los Reyes Católicos, al hijo Juan y a su hija María y en aquel momento, la familia Salcedo-Santa Cruz se encontraba formando parte de la Casa de la emperatriz.
La comitiva debió pasar próxima a Los Entredichos del Nohelexo o del Nawalis nazarí y Mencía, que era una inteligente mujer y avispada inversionista, debió sentir los latidos de aquella tierra, junto a las leyendas del linaje de sus antepasados de Las Encarnaciones vizcaínas.
Y con estas mimbres, decidí que las fechas en cuestión debieron ser estas tan próximas a su llegada a España, dado que en apenas un puñado de años, contados con los dedos de una mano, doña Mencía de Salcedo ya tenía en su poder la merced de Los Entredichos de Nohelexo.
En consecuencia, el Ayuntamiento decidió con gran acierto, en mi opinión, que habría de celebrarse el quingentésimo aniversario del hito más significativo de mi pueblo.
El libro “El Señorío de Noalejo. Siglos XVI al XIX”, en cuyo capítulo tercero se contempla la investigación que sobre Mencía de Salcedo llevé a cabo, vendría a ser la fuente con la que un espléndido grupo de noalejeñas pondrían en marcha una recreación teatral, tras ser presentada la publicación a las ciudadanas y ciudadanos de localidad.
El día señalado por el ayuntamiento, con el fin de festejar la gesta de doña Mencía de Salcedo con todos los honores, fue el 22 de mayo del presente año.
La presentación del citado libro, publicado por la Universidad de Jaén a través de la editorial Dykinson y coordinado por los profesores de la UJA José Miguel Delgado y Francisco Javier Illana, se llevaría a cabo en la Casa-Palacio de doña Mencía De Salcedo, recién adquirida por el Consistorio. Para esta investigadora que les escribe, tan fan confesa de Mencía, fue un lujo descubrir y publicar por vez primera buena parte de aquellos interrogantes que sobre ella quedaban por desvelar, así como de la que por muchos años fuera su hogar y última morada.
Meses antes de la compra de la vivienda y del cierre de la susodicha publicación, solicité a Enrique Yeguas, uno de sus dueños, poder visitarla.
Verla por entero imaginando a Mencía entre aquellas paredes, fue un auténtico goce. Yendo a más cuando descubrí, y así lo contemplé en mi capítulo, las bellas arcadas que aún se conservaban de un lateral de aquel templo que la Señora de Noalejo mandó construir, contiguo a su palacio y las que contemporáneamente forman parte del muro lateral de la vivienda.
Estimé que la mejor forma de evocar la “forja” de doña Mencía habría de ser recitar un poema que escribí a la finalización del mencionado capítulo.
Sin embargo, no quería dejar pasar la fecha exacta del momento, el que estimé en que doña Mencía puso pie y sentimiento en Los Entredichos de Nohelexo junto a su reina y emperatriz. Si seguimos el relato que desde hace quinientos años nos ha transmitido la historia oral de las gentes de Noalejo, que han traído en andas la bella y limpia leyenda hasta nuestros tiempos. Hecho de no menos enjundia que la permanencia por el mismo tiempo de los restos del antiguo templo de la Victoria, aquellos que tuve la fortuna de ver y reconocer en primicia.
De modo que, con posterioridad a la presentación de Noalejo, decidí conmemorar la efeméride en mi otro lugar: Almagro.
Sin embargo, la agenda del Ateneo almagreño estaba ocupada para el día exacto. Definitivamente, no importaba, sería el día 5 de junio. Quinientos años y un día, que diría nuestro admirado Joaquín Sabina.

Por cierto, a modo de embajadores de Zalla estuvieron representantes de la Asociación Eguen para la preservación del patrimonio de Zalla. María Gallarreta, presidenta y los vocales Koldo Mena y Marga Hernández.