La principal y más multitudinaria prueba deportiva de la provincia recibe uno de los Premios Jaén Paraíso Interior 2026
La Carrera Urbana Internacional Noche de San Antón, que ha cumplido el último año 43 ediciones, ha sido otro de los galardonados con el Premio Jaén Paraíso Interior 2026 que concede la Diputación Provincial.
“En las 43 ediciones que se han celebrado de esta prueba se ha consolidado como uno de los grandes referentes del atletismo para corredores de élite nacionales e internacionales, a los que se suman miles de deportistas populares cada año”, ha destacado el presidente de la Diputación, Juan Latorre.
Más allá de su dimensión deportiva, Latorre valora que “también es un evento que atrae turismo y fusiona deporte con cultura, turismo y tradición, proyectando así internacionalmente la imagen de Jaén, que se asocia a algunas de las peculiaridades de este evento: desde la magia de las lumbres de San Antón hasta el calor del público que abarrota las calles convirtiendo la prueba en una auténtica fiesta popular que la ha llevado a ser declarada como Fiesta de Interés Turístico Nacional”.
El alcalde, Julio Millán, agradecía durante la última edición de San Antón la participación y la complicidad de público, corredores y corredora, en una prueba que ya se ha convertido en la más multitudinaria batiendo un récord en participantes inscritos, con 15.000 en la noche mágica.
Hay que recordar que las raíces de San Antón se remontan al siglo XIII, cuando la devoción a san Antonio Abad se arraigó en Jaén. En esta época, la Reconquista trajo consigo a numerosos habitantes del norte de Europa, quienes, influenciados por su fervor religioso, contribuyeron al establecimiento de esta festividad.
No obstante, el impulso definitivo para las celebraciones lo proporcionó Miguel Lucas de Iranzo, alcaide de la ciudad en el siglo XV, condestable de Castilla y valido del rey Enrique IV de Castilla. Gracias a él, la fiesta religiosa ganó fuerza y arraigo en Jaén.
En el siglo XIX, los agricultores y ganaderos se unieron a la tradición, quemando durante las festividades los restos de las podas invernales.
Alrededor de estas hogueras, los vecinos disfrutan comiendo rosetas, calabaza asada, morcilla, chorizo y el delicioso vino de la tierra. Y luego cantan y bailan los melenchones, composiciones formadas por estrofas de cuatro versos que abordan temas cotidianos utilizando la ironía, la crítica y la picardía.